En este marco, es imposible que un sistema educativo se adapte a
nuestra realidad social. Vivimos una época de profundos cambios, y estos
se producen a una velocidad de vértigo. Desde mi punto de vista, y a
pesar de algunos intentos, los sistemas educativos siguen anclados en el
pasado y son incapaces de dar solución a la realidad de las sociedades
del siglo XXI.
Las personas seguimos, en general, aprendiendo de la misma forma.
Aprendizajes memorísticos, poco contextualizados, programaciones
ridículas que una vez realizadas viven el sueño de los justos, dictadura
de los libros de texto... forman parte de nuestro día a día, de la
misma forma que se educaba en el siglo XIX.
A pesar de la irrupción de las nuevas tecnologías en el marco
educativo, aún, una parte importante del profesorado, por diversos
motivos, son reacios a utilizar estas herramientas en sus aulas de forma
natural. ¿Por qué?
En primer lugar, es necesario que los profesores recibamos la
formación y los estímulos adecuados por parte de las administraciones,
muchas veces ajenas a los verdaderos retos y problemas educativos.
También, en un contexto rural, como es el caso, es muy difícil, por no
decir imposible, contar con los mismos recursos que en las zonas urbanas
(problemas como la pérdida de población, falta de conectividad,
distancias entre localidades y lejanía de los Centros de Profesores
hacen más arduo nuestro reciclaje.)
Es en este contexto donde cobran vital importancia los espacios
educativos. Sacar los aprendizajes fuera del aula equivale a enriquecer
los mismos, equivale a hacerlos más diversos y motivadores. Conseguir
que nuestros alumnos observen, toquen, hagan y experimenten debería ser
uno de nuestros objetivos principales, y para ello salir de la escuela,
creando nuevos espacios educativos es imprescindible. Estoy seguro que
la calidad de nuestras enseñanzas y aprendizajes se verá incrementada.
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| Conociendo el patrimonio histórico "in situ". |
